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Martes,
31 de Marzo 2009 |
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Ante Asamblea del
BID
Licenciado Vicente Bengoa advierte peligro crisis social
MEDELLIN,
Colombia.- El Ministro de Hacienda, licenciado Vicente
Bengoa, advirtió que la falta de capacidad financiera
del Gobierno dominicano para proteger a los sectores
sociales más vulnerables está provocando, de manera
acelerada, una peligrosa crisis social que podría
desembocar en un grave problema de gobernabilidad en el
discurso que pronunció ante la Quincuagésima Asamblea
Anual de Gobernadores del Banco Interamericano de
Desarrollo (BID) celebrada en esta ciudad.
A
continuación ofrecemos el discurso completo pronunciado
por el ministro dominicano ante el organismo
internacional.
“Quiero
enviar en nombre del Gobierno dominicano, y en
particular del Presidente Leonel Fernández, un saludo
fraterno al pueblo y al Gobierno colombiano, y al mismo
tiempo, felicitarlo por escoger a esta bella ciudad de
Medellín para la celebración de esta Quincuagésima
Asamblea Anual de Gobernadores del Banco Interamericano
de Desarrollo (BID) y la Vigésima Cuarta de la
Corporación Interamericana de Inversiones.
Asimismo,
saludamos el ingreso como el miembro número cuarenta y
ocho del BID de la República Popular China, al
conmemorarse este cincuenta aniversario.
También,
vayan mis felicitaciones al Presidente Luis Alberto
Moreno y su Administración, por el desempeño financiero
del BID en el 2008, al aprobar 125 nuevos
proyectos por un monto de US$11,263 millones.
De éstos,
112 proyectos fueron de inversión, lo que constituye el
mayor número de préstamos en la historia del Banco,
tanto en monto como en cantidad de operaciones; pero
sobretodo, quiero reconocer a la actual administración
del BID por habilitar la Línea para la Sostenibilidad
del Crecimiento por US$6,000 millones, la cual ha
servido de apoyo a los países miembros más afectados por
la reducción del crédito de la banca internacional.
En la XLIX
Asamblea, celebrada el pasado año en Miami, destacaba
los avances que había tenido la República Dominicana en
los últimos años y expresé textualmente:
“La
inflación anualizada, a junio de 2004, fue de 60.5%; el
promedio de los últimos tres años alcanzó a 8.8% y si le
restamos el efecto del petróleo, apenas representa el
5%.
“Las
reservas líquidas del Banco Central aumentaron de US$-71.0
millones en julio de 2004 a US$1,600 millones a
diciembre de 2007, y las brutas a US$3,000 millones.
“Pusimos al
día la deuda externa después de haber alcanzado atrasos
por US$324 millones, incluyendo a los organismos
multilaterales de financiamiento y e1 balance fiscal del
Gobierno pasó de un déficit de -2.4% del PIB en el 2004
a un superávit de 0.3% del PIB en e1 2007”.
En el 2005,
2006 y 2007, el PIB creció en promedio 9.5%. Hoy,
nuestra situación ha variado en sentido contrario. En
el 2008, crecimos 5.3% y este año proyectamos un
incremento del PIB de apenas un 3%.
Los logros
obtenidos enfrentan una gran amenaza, con el agravante,
como se puede apreciar, de que la economía dominicana
experimenta un proceso de desaceleración que podría
desembocar en una recesión, si el Estado -a través del
gasto público- no expande la demanda interna.
Debido al
shock externo del año pasado, el cual nos afectó por dos
vías: tanto por el precio del petróleo como por los
precios de los alimentos e insumos agrícolas, pasamos de
un superávit fiscal de 0.3% en el 2007 a un déficit de
-3.4% del PIB en el 2008.
En lo que va
del 1 de enero al 26 de marzo de este año, se ha
producido un faltante sin precedentes de aproximadamente
un 7%, al comparar las estimaciones de los ingresos
internos con las recaudaciones, lo que limita la
capacidad del Gobierno para compensar la caída en la
actividad privada y estimular la economía, vía el
incremento del gasto público.
Pero lo más
preocupante es la falta de capacidad financiera del
Gobierno para proteger a los sectores sociales más
vulnerables, lo que está provocando, de manera
acelerada, una peligrosa crisis social que podría
desembocar en un grave problema de gobernabilidad.
Esto que
está sucediendo en la República Dominicana es similar a
lo que ocurre en el resto de América Latina, con las
variantes y características propias de cada país.
Si la región
cae en una profunda recesión, las posibilidades de que
Estados Unidos empeore su situación son muy altas, ya
que, de acuerdo a cifras de las Naciones Unidas, los
bienes y servicios importados por América Latina
provenientes de Estados Unidos han representado en la
última década más del 40% del total importado por
nuestros países, excluyendo el petróleo, y esto
significa que, una reducción en el consumo de los países
latinoamericanos impactará negativamente en la
producción estadounidense.
El
secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Tim
Geithner, fue muy elocuente al comparecer el 12 marzo de
2009 ante la Comisión de Presupuesto del Senado cuando
señaló que la economía norteamericana sufre una falta
severa de demanda agregada, que ha generado un enorme
desempleo y que esto podría empeorar “por una
contracción de la demanda de muchos de nuestros socios
comerciales claves”.
Y nosotros
agregamos –tal como se ha señalado- que en los cincuenta
años de existencia del BID, por cada dólar que el
Banco ha prestado a Latinoamérica, ésta ha comprado
cuatro dólares a las naciones industrializadas.
En
consecuencia, si América Latina experimenta un proceso
de desaceleración económica que impacta negativamente en
las recaudaciones fiscales, los Gobiernos, para mantener
el mismo nivel de inversión pública e incrementar los
programas sociales, es obvio que la única salida que
tienen es recurrir al financiamiento.
Pero como el
crédito de la banca privada está prácticamente cerrado
debido a la crisis financiera internacional, es aquí,
precisamente, donde se pone de manifiesto la capacidad
de financiamiento anti-cíclica que posee el BID
para la región; pero para eso, el Banco necesita
aumentar su capital ordinario.
Por tales
razones, proponemos que se haga un aumento mínimo de 180
mil millones al capital ordinario del Banco, que permita
al BID incrementar el nivel sostenible de
préstamos a 18,000 mil millones de dólares por año a
nuestra región.
Un aumento
de capital de este monto apenas representa una suma a
pagar en cuatro años de 7,200 millones de dólares, la
cual es evidentemente irrisoria si la comparamos con los
más de 700 mil millones de dólares que sólo los Estados
Unidos ha inyectado a la economía de ese país.
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