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DIRECCIÓN DE COMUNICACIONES  

Lunes, 18 de Mayo 2009

La crisis financiera mundial y sus efectos en la República Dominicana

 

CONFERENCIA MAGISTRAL DEL Ministro de Hacienda, VICENTE BENGOA, EN EL ACTO INAUGURAL DEL XXXVI SEMINARIO INTERNACIONAL DE PRESUPUESTO PUBLICO.

 

Voy a comenzar mi intervención en este importante evento tratando de sintetizar las características principales de esta crisis que está azotando al mundo:

-Es una crisis que comenzó en los Estados Unidos como sucedió con la de los años treinta.

 

-Es una crisis perfecta, como dijera el gobernador del Banco de España.  Y lo es porque los consumidores no consumen, los bancos no prestan, los inversionistas no invierten, los gobiernos no recaudan y el comercio exterior no sólo no crece sino que decrece.

 

-Es una crisis inédita, no tiene precedentes, aunque erróneamente se ha querido igualar a la crisis de los años treinta; ésta es distinta en varios aspectos, pero sobre todo, en cuanto a la causa que la originó.

 

La “Gran Depresión de los Años Treinta” comenzó por la economía real, por un exceso de producción del sector agropecuario, que terminó en quiebras de empresas que afectaron a la banca.

 

En esta crisis es al revés; es el sistema financiero el que ha provocado el colapso de la economía real.

 

-Es una crisis Global y, por lo tanto, el tratamiento para superarla tiene que ser Global. La superación de la gran depresión implicó el establecimiento de un nuevo orden económico mundial que surgió de Bretton Woods, creándose el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio.

 

De ese nuevo orden económico emergió como país hegemónico del “mundo occidental” los Estados Unidos. El nuevo orden que necesariamente surgirá de esta crisis desplazará a los Estados Unidos como país rector.

 

-Es la crisis que más destrucción de riquezas ha provocado en el mundo.  A la fecha, la destrucción se calcula en aproximadamente US$50 trillones, equivalente al valor de la producción anual del Planeta Tierra.

 

-Es una crisis que tuvo como precedente un período de excepcional bonanza en el mundo; fueron los 20 años más brillantes del capitalismo internacional en cuanto a crecimiento y estabilidad.

 

Esa bonanza tuvo detrás una abundante creación de liquidez barata, lo que determinó el surgimiento de grandes burbujas: la burbuja de las hipotecas (que luego se llamaron tóxicas), la burbuja de la bolsa de valores y la burbuja de los precios de los productos agrícolas; todo esto en un contexto evidentemente especulativo, lo cual confirmó, una vez más, que la especulación financiera sin regulación termina en crisis.

 

-Esta crisis lo que ha demostrado es que la autorregulación, más temprano que tarde, termina en un desastre económico.

 

La crisis de los años treinta dio lugar a que se regularan los bancos, pero en los últimos años han surgido una serie de instrumentos nuevos como la securitización, los derivados y los “hedge factors”, que no se regulaban ni supervisaban.

 

No fue que hubo una falla o un descuido en la regulación, sino que deliberadamente, filosóficamente, no se supervisaban, y al que lo dude, le recomiendo leer el libro de Alan Greenspan “La Era de las Turbulencias”.

-Por último, esta crisis ha demostrado un hecho nuevo: que el dominio de los mercados financieros ya no es patrimonio de los Estados Unidos, ni tampoco de Europa; que ha surgido una serie de países con una vigencia importante en el mundo, que son los llamados países emergentes, que aportan más del 50% al crecimiento del producto mundial, que son víctimas de la crisis pero también actores importantes en la solución de la misma.

 

¿Cómo afecta la crisis a la economía nacional?

La economía dominicana el año pasado tuvo un crecimiento muy errático. El primer trimestre creció 5.7%, el segundo trimestre lo hizo en 9.6%, y el promedio del primer semestre fue 7.7%.

 

En cambio, en el segundo semestre el crecimiento bajó a 2.9%, es decir, a menos de la mitad de cómo creció en el primer semestre.

Para todo el año el crecimiento fue de 5.3%.

 

¿A qué se debió esa desaceleración de la economía en el segundo semestre con relación al primer semestre del 2008?

Podría pensarse que se debió a la crisis financiera mundial.  La crisis afectó, pero en realidad, lo determinante fueron las medidas internas de carácter restrictivo que tomó la autoridad monetaria para deliberadamente frenar el crecimiento económico.

 

El precio del petróleo llegó a cotizarse, el 30 de junio del 2008, a US$ 140 el barril y los precios de todos los alimentos e insumos agropecuarios subieron a niveles históricos, lo que generó un déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos del orden de 11.7% del PIB, el más alto déficit de los últimos 30 años.

 

En la República Dominicana se consumen aproximadamente 50 millones de barriles de petróleo anuales, por lo que si el precio de petróleo se situaba a US$ 150 el barril, la factura petrolera podría haber llegado a US$ 7,500 millones.

A ese nivel de precio, obviamente que el consumo hubiera bajado; pero por mucho que bajara el consumo, la factura de todas maneras rondaría los US$ 7,000 millones.

 

Esto, unido a los altos precios de los insumos y bienes agropecuarios, hubiese desatado una devaluación sin precedentes en la economía nacional, con todas las consecuencias económicas, sociales y políticas que tal situación implicaba.

Es por esto que las autoridades monetarias aumentaron el encaje legal, subieron las tasas de interés y tomaron otras medidas monetarias para restarles liquidez a la economía y así frenar el consumo interno y, sobre todo, las importaciones.

 

Pero en el segundo semestre, principalmente en el último trimestre, la situación cambió radicalmente: el precio del petróleo cerró ese semestre en US$ 41 el barril, y el 16 de septiembre, la crisis financiera mundial anunciaba su entrada en escena con la quiebra del emblemático Lehman Brother y el desplome de las bolsas de valores.

 

De manera inmediata esto no afectó a la República Dominicana; cuando digo que no afectó, me refiero a que no hubo contagio directo, debido a que en nuestro mercado de valores sólo se intercambian papeles comerciales como bonos y letras, las empresas no cotizan en bolsa sus acciones; por tanto, lo que ocurre en las bolsa  de valores internacional no tiene repercusión en la bolsa de valores dominicana.

 

Tampoco se produjo el contagio directo bancario, porque el 93.7% del total de los activos bancarios pertenece a bancos nacionales, del cual el Banco de Reservas, que es el mayor sistema y que es un 100% estatal, posee el 25.8% de esos activos. El Scotiabank y Citibank sólo poseen el 6.3%.

 

Pero, además, los depósitos y las inversiones en el exterior del sector bancario sólo representan el 7% del total de activos, y los préstamos tomados desde el exterior apenas el 2.1%.

 

Si bien es cierto que no se produjo un contagio directo, no podemos desconocer que la recesión que afecta a Estados Unidos y Europa es una amenaza cierta que terminará afectando las remesas, el turismo, la inversión directa extranjera y las zonas francas.

 

¿Cómo afectó la crisis esos renglones de la economía en el año 2008? Veamos:

Las remesas en el 2008 crecieron 2% con relación al 2007; los ingresos en dólares por concepto de turismo aumentaron en 4.0%; la inversión extranjera directa se incrementó en un 82% y los ingresos de zonas francas cayeron apenas 0.4%.

 

Estas cifras demuestran que a niveles de la economía, en su conjunto, la crisis no afectó al país en el 2008 de manera significativa. Si excluimos la inversión extranjera directa, que prácticamente se duplicó, el turismo y las remesas no decrecieron sino que disminuyeron su ritmo de crecimiento.

 

Las proyecciones para este año, en un escenario pesimista, es que las remesas disminuyan en un 6%, lo que significa US$ 187 millones; que el turismo lo haga en un 5%, lo que representa US$ 209 millones, pero la situación de México posiblemente cambie esta estimación, y las zonas francas caigan un 10%, que en términos absolutos son US$ 102 millones.

 

Si estas proyecciones se cumplen, la economía dominicana tendrá una merma en sus ingresos de divisas de US$ 498 millones en esos tres renglones.

 

Pero hay dos elementos positivos:

El primero es la disminución de la factura petrolera.

 

El año pasado la factura fue de US$ 4,242 millones; este año se estima en US$ 2,818.4 millones.  Gastaremos US$1,423 millones menos en la compra de petróleo y sus derivados este año, con relación al año pasado.

 

El otro factor positivo es la inversión directa extranjera.

 

El Consejo de Fomento Turístico (CONFOTUR) aprobó a fines del 2008 y a comienzos de este año, proyectos turísticos por un monto de US$ 14,500 millones, que comenzarán a ejecutarse a partir del 2009; también se acaban de concluir las negociaciones con la Barrick Gold Corporation, lo que representa una inversión de US$ 3,154 millones.

 

Como se puede apreciar, a nivel macroeconómico los flujos de divisas se compensan y arrojan un balance positivo.

 

Quiero insistir en que lo anterior no quiere decir que la crisis financiera no afecta a la República Dominicana.

 

Esta crisis es mundial y ningún país escapa a sus efectos negativos.

 

Lo que sucede es que cada economía tiene sus particularidades y, por lo tanto, los impactos son distintos.

 

La desaceleración de la economía dominicana es un indicador de los efectos externos provocados por la crisis.  En los años 2005, 2006 y 2007 crecimos en promedio 9.5%, el año pasado el crecimiento fue de 5.3% y este año proyectamos 3%.

 

Para evitar que la desaceleración se convierta en recesión, es decir, que el crecimiento sea negativo, el Estado debe aumentar el gasto público. Este es el gran reto que tenemos que afrontar.

 

Por primera vez en la historia económica moderna, las recaudaciones de un trimestre son inferiores a las estimaciones.

 

En este primer trimestre enero-marzo se produjo un faltante de RD$ 2,297 millones, que representó el 4.1% de lo estimado.

 

Un factor que contribuyó a esta caída fueron las medidas monetarias restrictivas que tomaron las autoridades el año pasado como señalamos anteriormente, y que a partir de febrero se han estado modificando, pero no cabe duda de que la crisis, por el lado que más ha golpeado, es por el de los ingresos fiscales.

 

Los ingresos del gobierno han disminuido porque la desaceleración económica ha implicado una disminución de las ventas y las importaciones, y nuestro sistema tributario descansa sobre la base de impuestos generados a las ventas, selectivos al consumo y al comercio exterior.

 

La baja en el precio del petróleo ha tenido un efecto sumamente importante y positivo desde el punto de vista macroeconómico, pero desde la óptica de los ingresos fiscales ha sido negativo.

 

Al bajar el petróleo, ha bajado el precio de los combustibles y en consecuencia, las recaudaciones que se obtienen al gravar los derivados del petróleo con un 16%. Esto ha representado una disminución de RD$ 6,550 millones, un 39% de lo estimado para este año.

 

Pero también han mermado considerablemente los ingresos por el acuerdo de Petrocaribe.

 

Cuando el barril de petróleo estaba a US$ 140 el gobierno recibía US$ 84 por cada barril.

 

Nosotros importamos desde Venezuela 30 mil barriles diarios; esto significaba 2 millones 520 mil dólares diarios. A US$50 el barril, el gobierno sólo recibe US$ 20 diarios por cada barril que son US$ 600 mil diarios.

 

El año pasado recibimos US$ 540 millones por dicho acuerdo, y este año estimamos que recibiremos, y así está consignado en el presupuesto, US$ 300 millones, casi la mitad del año anterior.

 

El gobierno, para evitar que la economía caiga en un proceso recesivo, tiene que aumentar el Gasto Público en inversión y en gasto social para proteger a los sectores más vulnerables de la sociedad.

 

Si no se pueden aumentar las cargas impositivas porque es contraproducente en medio de una contracción económica, inevitablemente se tendrá que recurrir al financiamiento, tanto interno como externo.

 

En América Latina, la deuda pública crecerá significativamente en los próximos años como resultado de esta crisis.

 

En ese sentido, los organismos multilaterales de financiamiento están llamados a jugar un papel fundamental, pero para lograr ese propósito, esos organismos tienen que capitalizarse; de lo contrario, no podrán destinar los recursos financieros necesarios a los países de la región.

 
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